Donald Trump levanta el teléfono para hablar con Gianni Infantino por la expulsión de un jugador de Estados Unidos. Poco después, la sanción queda en suspenso y el futbolista termina habilitado para jugar.
¿Casualidad? Puede ser.
Pero cuando la llamada proviene del presidente de Estados Unidos, y del mismo país que hace apenas una década puso a la FIFA contra las cuerdas, cuesta creer que sea un episodio cualquiera.
Antes de 2005, el país arrastraba una enorme fragilidad energética. En 2004 hubo que declarar una situación excepcional por la crisis energética regional y la sequía, habilitando importaciones de electricidad para evitar mayores problemas de abastecimiento. En 2006, según se informó desde Presidencia, Uruguay llegó a estar a apenas un megavatio de sufrir apagones zonales, luego de unos 14 años de falta de inversión en generación eléctrica. También se recordaba una larga historia de cortes programados en las décadas del 70, 80 y parte de los 90.
Las recientes declaraciones de Marcelo Bielsa, quien explicó que sus propios jugadores le pidieron reducir las charlas técnicas a menos de diez minutos, y las de Luis Enrique, que afirmó que los videos para sus futbolistas no deberían superar los tres minutos para mantener su atención, invitan a reflexionar sobre un fenómeno que trasciende ampliamente al fútbol.
En estos días algunos compañeros han planteado que las críticas al gobierno deben hacerse solamente dentro de los comités de base y no públicamente. No comparto esa mirada.
Algunos inmigrantes cubanos parecen haber descubierto que el principal problema de Uruguay es la izquierda democrática que gobierna el país. No el régimen del que escaparon, sino un gobierno elegido en las urnas, con alternancia política, libertad de prensa y elecciones libres. Vaya paradoja.
El reciente video de FIFA sobre Silvia Nadal, la sheriff uruguaya de Miami-Dade, sirve como ejemplo perfecto para entender un fenómeno que viene creciendo desde el Mundial de Qatar.
A ver, muchachos, hagamos un análisis de la situación porque lo de ayer en el partido contra Argelia es para sentarse a charlar en serio.
Hay algo que conviene entender para no perderse en medio del ruido.
Un Solo Uruguay participó de las movilizaciones. Parlamentarios y dirigentes nacionalistas amplificaron rápidamente el reclamo. El SUTCRA, sindicato de los trabajadores del sector, decidió no adherir.