Algunos inmigrantes cubanos parecen haber descubierto que el principal problema de Uruguay es la izquierda democrática que gobierna el país. No el régimen del que escaparon, sino un gobierno elegido en las urnas, con alternancia política, libertad de prensa y elecciones libres. Vaya paradoja.
También resulta curioso el destino elegido. Porque, si el problema fuera simplemente “la izquierda”, podrían haber optado por algún paraíso del capitalismo sin salud pública, sin educación pública gratuita y con un Estado reducido al mínimo. Pero no. Eligieron Uruguay.
El reciente video de FIFA sobre Silvia Nadal, la sheriff uruguaya de Miami-Dade, sirve como ejemplo perfecto para entender un fenómeno que viene creciendo desde el Mundial de Qatar.
Hay algo que conviene aclarar.
Como docente de informática aprendí hace tiempo una regla bastante simple: cuando alguien se opone ferozmente a que un sistema registre información, generalmente el problema no es el sistema.
En su cuplé más filoso, La Tapadita, la murga uruguaya Asaltantes con Patente ironiza sobre un fenómeno político tristemente frecuente: cómo los gobernantes, ante un escándalo que los deja mal parados, fabrican uno aún mayor para desviar la atención. En clave de humor local, enumeran un centenar de hechos corruptos del gobierno de Luis Lacalle Pou como si todos obedecieran a una meticulosa estrategia para distraer de un asunto de Estado crucial: su incipiente calvicie.
Se leen muchas barbaridades con respecto a Israel y los judíos. Algunas son por desconocimiento y otras son totalmente adrede para confundir y llevar agua a su molino.
En el vasto y, a menudo, confuso mundo de las finanzas digitales, las criptomonedas han emergido como las estrellas rutilantes que prometen revolucionar la economía. Sin embargo, como en todo espectáculo deslumbrante, siempre hay espacio para el drama y, en este caso, para la ironía más mordaz.
En el debate sobre la situación en Venezuela, es necesario analizar los múltiples factores en juego para comprender el conflicto en su totalidad.
Ante la extravagante propuesta del ex y futuro presidente Donald Trump de comprar Groenlandia, Dinamarca ha decidido responder con una contraoferta cargada de fina ironía: el gobierno danés ha manifestado su interés en adquirir *todo el territorio de los Estados Unidos*, a fin de dotar a sus habitantes de ciertos lujos revolucionarios para ellos, como la educación gratuita, la cobertura universal de salud y el transporte público eficiente.