En un país donde la educación y la seguridad pública piden a gritos más recursos, la Intendencia de Paysandú sorprende con un curioso despliegue de generosidad hacia sus propios jerarcas.La danza de los sueldos públicos: un arte que Fermín Farinha domina a la perfección
En un país donde la educación y la seguridad pública piden a gritos más recursos, la Intendencia de Paysandú sorprende con un curioso despliegue de generosidad hacia sus propios jerarcas.
En los últimos años, Uruguay vivió un boom de inversiones ganaderas que parecía sacado de un manual de éxito económico: fondos que garantizaban rentabilidades atractivas, miles de inversores apostando al crecimiento del sector y un país que, según se decía, demostraba su estabilidad financiera.
Se han analizado profusamente sus tics, su indiferencia ante el dolor ajeno, esa rutina monótona de la maldad cotidiana.
Si algo distingue al fútbol uruguayo, además de la garra charrúa y los estadios con butacas que datan de la dictadura, es la facilidad con la que los clubes se endeudan. No importa cuánto entre, siempre se gasta más. Y en ese escenario donde el rojo en las cuentas es tan tradicional como el mate amargo, Peñarol decidió hacer algo impensado: pagar lo que debe y en fecha. Un sacrilegio financiero que, por supuesto, generó incomodidad en más de uno.
El Proyecto Arazatí, promocionado como la solución definitiva para el abastecimiento de agua potable en Montevideo y Canelones, ha desatado polémicas que trascienden lo ambiental y lo económico, invitando a reflexionar sobre las prioridades del actual gobierno.
Al cierre de 2024, Uruguay enfrenta un déficit fiscal similar al de 2019, acompañado de un aumento de la deuda pública que creció más de diez puntos del PIB.
La política uruguaya actual tiene un aire de ironía difícil de ignorar.
El quinquenio de Luis Lacalle Pou, una época en la que la realidad parecía ser un concepto opcional para el gobierno.
Ah, sí, Francisco Sanguinetti Gallinal, una verdadera joya de la aristocracia del pensamiento, probablemente forjado en alguna extraña alquimia genética entre dos apellidos que suenan como un culebrón decimonónico.
“Transparencia”, una palabra que en Paysandú dejó de existir.