Siguiendo la ruta del dinero

Hay algo que conviene entender para no perderse en medio del ruido.

El descuento del IVA del gasoil no desaparece con la Guía Electrónica de Carga. El transportista que trabaja, transporta mercadería y recorre kilómetros seguirá accediendo al beneficio.

Lo único que cambia es que ahora será más fácil verificar que el descuento recibido coincida con la actividad efectivamente realizada. Dicho de otro modo: si el camión recorrió 1.000 kilómetros, no debería aparecer una imaginación contable capaz de transformarlos en 1.500.

Y ahí quizás esté la verdadera incomodidad.

Porque cuando la tecnología empieza a cruzar datos, registrar viajes y comparar declaraciones con la realidad, el problema deja de ser ideológico y pasa a ser matemático.

Por eso cuesta creer que el conflicto sea únicamente por el precio del gasoil.

Tal vez el fondo del asunto sea mucho más sencillo y menos épico: nadie quiere perder plata. Sobre todo cuando esa plata proviene de beneficios pensados para quienes trabajan dentro de las reglas y no para quienes se acostumbraron a que el papel aceptara más cosas que el velocímetro.

La Guía Electrónica no quita derechos.

Simplemente le pide a los números que coincidan con los hechos.

Y ya sabemos que, para algunos, la transparencia siempre resulta más cara que el combustible

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