Cuando los grandes protestan, conviene mirar quién pierde y quién gana

Escuchando algunos discursos parecería que la famosa guía de carga es una especie de tragedia para todo el transporte nacional. Pero cuando uno analiza a quién beneficia y a quién perjudica, la historia cambia bastante.

La guía de carga no complica al pequeño camionero. De hecho, lo protege. Los que realmente tienen motivos para estar incómodos son algunos grandes empresarios del transporte.

¿Por qué?

Porque una guía de carga permite controlar viajes, transparentar la actividad y reducir la evasión fiscal. No se trata de inventar impuestos nuevos. Se trata de que algunos tengan que empezar a pagar los impuestos que antes lograban evitar.

También permite controlar las horas efectivamente trabajadas por los choferes. Y eso genera otro problema para quienes estaban acostumbrados a pagar ocho horas cuando en realidad algunos trabajadores pasaban doce o trece arriba del camión.

La guía además ayuda a ordenar el mercado. Las grandes empresas pueden bajar artificialmente los precios porque compensan con volumen y cantidad de viajes. El pequeño transportista no tiene ese margen. Si cobra por debajo de determinados valores, directamente no llega a pagar combustible, mantenimiento y gastos básicos.

Por eso resulta llamativo que algunos pequeños camioneros aparezcan encabezando protestas contra una herramienta que, en teoría, los favorece.

Más curioso todavía es recordar quién eliminó la guía de carga que ya estaba vigente: el entonces ministro de Transporte, José Luis Falero. Una decisión que benefició precisamente a quienes menos simpatía tienen por los controles y la transparencia.

Y mientras los trabajadores organizados del SUCTA decidieron no adherir a las movilizaciones, aparecen camiones en las rutas dando la sensación de que todo el sector está levantado en protesta. Pero una cosa son los dueños de las empresas y otra muy distinta los choferes que manejan esos vehículos.

Al final, muchos pequeños transportistas terminan defendiendo intereses que no son los suyos. Influenciados por los grandes, salen a combatir una herramienta que podría ayudarlos a competir en mejores condiciones.

Es una paradoja curiosa: protestar contra los controles que limitan la evasión, regulan las jornadas laborales y evitan la competencia desleal.

Porque cuando quienes más se benefician de la transparencia son los que más la rechazan, quizás el problema no sea la guía de carga.

Quizás el problema sea justamente lo que la guía deja ver.

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